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Análisis "A Margarita Debayle" por Rubén Darío

Fecha: 13/08/2011     Actualizado: 23/02/2013     Elaborado por: José Cols


Biografía

Rubén Darío nace el 18 de enero de 1867 en Metapa (Ciudad Darío) y muere el 6 de febrero de 1916 en León. Fue un poeta de origen nicaragüense, reconocido como máximo exponente del Modernismo en la lengua española. Su formación poética se vio influenciada esencialmente por la poesía francesa, romántica. Su vida está caracterizada por una inseguridad, una vida de incansable peregrino, disuelta en una alegría de bohemia y sensualidad en donde escondía toda su tragedia anterior, su lucha entre duda y fé, religión y creencia. Sin embargo, recordado siempre por la exquisita belleza de su poesía, la musicalidad de sus versos, la hermosura de su prosa, que contrasta con una existencia angustiosa y atormentada.

Análisis

El famoso poema “A Margarita Debayle” nace, una tarde de playa, en 1908, cuando el autor se encontraba como invitado en la casa de verano de la familia Debayle. Darío escribió el poema sentado en una piedra a petición de, la entonces niña Margarita, quién quería un cuento escrito en versos.

En el poema descuella la musicalidad de los versos y el ingenio del autor, así como también el cariño y la simpatía de Rubén Darío con Margarita. En obras como esta, resulta imposible negar la trascendencia que alcanza el hombre con el uso del lenguaje, impresiona como dentro de la poesía está escrito un cuento con una brillante descripción.

Es claro que el poema está dirigido a una niña, pues en él, se aprecia una historia que cautiva a la mente de la niñez e invita a la imaginación, reyes, princesas y estrellas, son palabras que captan la atención inmediata de cualquier niño. La poesía, sutil, culmina con la princesa bella y feliz, pues ya tiene su prendedor, con la invitación del autor a Margarita de recordarle, aún en la distancia.

Poema

Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar;
yo siento
en el alma una alondra cantar;
tu acento.
Margarita, te voy a contar
un cuento.

Este era un rey que tenía
un palacio de diamantes,
una tienda hecha del día
y un rebaño de elefantes.

Un kiosko de malaquita,
un gran manto de tisú,
y una gentil princesita,
tan bonita,
Margarita,
tan bonita como tú.

Una tarde la princesa
vio una estrella aparecer;
la princesa era traviesa
y la quiso ir a coger.

La quería para hacerla
decorar un prendedor,
con un verso y una perla,
una pluma y una flor.

Las princesas primorosas
se parecen mucho a ti.
Cortan lirios, cortan rosas,
cortan astros. Son así.

Pues se fue la niña bella,
bajo el cielo y sobre el mar,
a cortar la blanca estrella
que la hacía suspirar.

Y siguió camino arriba,
por la luna y más allá;
mas lo malo es que ella iba
sin permiso del papá.

Cuando estuvo ya de vuelta
de los parques del Señor,
se miraba toda envuelta
en un dulce resplandor.

Y el rey dijo: "¿Qué te has hecho?
Te he buscado y no te hallé;
y ¿qué tienes en el pecho,
que encendido se te ve?"

La princesa no mentía,
y así, dijo la verdad:
"Fui a cortar la estrella mía
a la azul inmensidad."

Y el rey clama: "¿No te he dicho
que el azul no hay que tocar?
¡Qué locura! ¡Qué capricho!
El Señor se va a enojar."

Y dice ella: "No hubo intento:
yo me fui no sé por qué;
por las olas y en el viento
fui a la estrella y la corté."

Y el papá dice enojado:
"Un castigo has de tener:
vuelve al cielo, y lo robado
vas ahora a devolver."

La princesa se entristece
por su dulce flor de luz,
cuando entonces aparece
sonriendo el buen Jesús.

Y así dice: "En mis campiñas
esa rosa le ofrecí:
son mis flores de las niñas
que al soñar piensan en mí."

Viste el rey ropas brillantes,
y luego hace desfilar
cuatrocientos elefantes
a la orilla de la mar.

La princesa está bella,
pues ya tiene el prendedor,
en que lucen, con la estrella,
verso, perla, pluma y flor.

Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar:
tu aliento

Ya que lejos de mí vas a estar
guarda, niña, un gentil pensamiento
al que un día te quiso contar
un cuento.


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